(Chile) Entrevistas por Mayo Negro

(Chile) Entrevistas por Mayo Negro

Creemos que la memoria no es un ejercicio acabado ni definitivo, sino que se traduce en lenguajes comunes que senderean nuestras negaciones desde la particularidad de nuestros entornos y vínculos. En consecuencia, es colectiva y en permanente construcción. Su importancia reside en el rol de acervo, muchas veces intangible y oral, anclado en valores, códigos o, por qué no decirlo, en nuestra moral revolucionaria. Este acervo nos presenta con legitimidad propia, incitándonos a actuar en concordancia, con experiencias, conocimientos, diferencias, discusiones, reflexiones, errores, dinámicas y prácticas. Éste abanico de situaciones y herramientas únicas determinan nuestra identidad, carácter e impulso. Con todo aquello, tenemos un conjunto de huellas que nos permiten dar un sentido de continuidad de las decisiones tomadas, y así impedir la ruptura en el espacio-tiempo, entre nuestro pasado, presente y horizontes, posibilitando que generación tras generación se apunte hacia la liberación total. En tal sentido, la memoria anárquica ha sido un punto de conexión, un motivo de encuentro que da paso a la búsqueda y al acercamiento de afinidades con las decisiones y caminos que unx compañerx construyó en su vida.

Mauricio Morales refleja, en parte, lo que queremos decir: de como se llega a bombear con insistencia el corazón de un compañero que partió, de como se logra dar continuidad a lo que nos entregó en vida. Y que, a pesar del dolor y las tristezas, de las persecuciones y encarcelamientos que eso acarreó, de como se tejieron redes, fortalecieron complicidades y se continuó con su memoria anárquica hasta el día de hoy.

El tránsito del combate antiautoritario nos ubica en un permanente ejercicio de diálogo y tensión cuando nuestras perspectivas sostienen la incesante búsqueda por fortalecer lazos de afinidad. En esa tarea, tomada a conciencia, no podemos pasar por alto un escrito publicado en el marco de las campañas del Mayo Negro -firmado por Afinidades por la Anarquía-, donde intentan analizar la realidad reciente de los entornos del anarquismo informal, sosteniendo públicamente que la degradación de la “proyección real de la lucha” y el ataque directo se debe a motivos de repetición, banalización y estética, lo que da cuenta de una reflexión que carece, precisamente, de proyección, ya que se detiene en elementos tremendamente superables. Su narrativa nos lleva a pensar que se escribió desde la ausencia de diálogo directo con entornos anárquicos, ya que, de ser lo contrario, se hablaría sobre motivos más concretos como lo es la expansión y aceptación de discursos y posturas que hacen alegoría sobre victorias individuales cotidianas, el desvanecimiento de las prioridades por la adaptación o acomodo al mundo del capital, y la interiorización del miedo producto de las largas condenas en contra de compañerxs de acción.

La propaganda siempre se antecede de un ejercicio estético al elegir determinados colores, palabras, símbolos, imágenes, soportes, etc. Y eso no quiere decir que esencialmente se busca “simular una realidad”, sino construir significados que aporten a la difusión y contagio de voluntades. Elegir qué imagen, qué concepto incluir en un afiche, por ejemplo, está dentro de lo que cada persona y grupo valore conveniente desde su preocupación estética como práctica, incluso más allá de lo “estratégico”. La anarquía no tiene el deber o manual con acuerdos tácitos de que existen conceptos que deben ser tocados exclusivamente para determinados “contextos” y “formatos”.

¿Solo tenemos que hablar de conspiración, ataque, informalidad, insurrección en el plano operativo? Es absurdo. No creemos que el problema esté en hablar sobre ciertos conceptos para convocar, sino en trasladar esos conceptos para crear un estatus y una figura conspirativa, donde todxs se refieren a alguien con aires clandestinos, donde se habla con todxs sobre sus intenciones de acción. Ese sí es un problema, que se suma al caso contrario, de no querer hablar de nada ligado al ataque, producido por una hiperparanoia y alucinaciones conspirativas.

Queda la interrogante si acaso el ataque directo, la ofensiva, posee un lenguaje propio y exclusivo que solo debe estar circunscrito a un radio determinado por los materiales. ¿Cuál sería ese lenguaje? Para llegar a él ¿nos consagramos al leer comunicados reivindicativos de atentados incendiarios y explosivos? ¿A escucharnos dentro de las cuatro paredes de una habitación que alberga a un grupo de acción? No. Para crear un lenguaje común que estimule el ataque son necesario afiches, panfletos, periódicos, conversatorios que hablen abiertamente sobre los conceptos ya mencionados; se tienen que acercar a los entornos y no alejarlos a nichos de clandestinidad, entonces ¿no serán estos análisis aislacionistas los responsables de la ruptura en el espacio-tiempo entre entornos y grupos de acción al pretender extirpar del diálogo colectivo algunos conceptos? Además, ¿la presencia de imágenes incendiarias y lenguajes “conspirativos” en afiches, gráficas o propaganda debería ser una molestia “desmoralizante” solo cuando rinde cuentas negativas, cuando no existen ataques? Pero si la realidad fuese otra, ¿sería igual de desmoralizante o podría ser una herramienta complementaria a las acciones? Sostenemos con absoluta claridad que ningún lenguaje posee exclusividades, el uso de conceptos en otros escenarios de la lucha anárquica da cuenta de lo inacabado de nuestras tensiones y lo potente que son las definiciones que hemos decidido sostener, ya que, toman vida en cada aspecto del proyecto de lucha.

Por otra parte, que algo sea banalizado o carezca de profundidad no guarda una correlación directa con que se repita hasta el “desgaste”. De hecho, solo mediante la repetición del discurso y de la praxis -o, dicho de otra forma, haciéndolos reproducibles- es posible proyectarlos en el tiempo. La anarquía no es una marca comercial que exhibe en la vitrina la última novedad. El problema de la repetición es cuando se vuelve un culto y carece de crítica. Pero cuando la repetición encuentra variables a partir de la misma crítica es fructífera y permite la difusión, se vuelve reproducible. Un ejemplo, es la memoria combativa.

En ese constante ejercicio de la memoria, hasta el día de hoy las páginas de contrainformación han atravesado fronteras comunicacionales y aportan con un eficaz motor de difusión por el cual compañerxs de todo el mundo supieron de la muerte del Mauri, y ahora de los gestos en su recuerdo. Las publicaciones de palabras escritas por centros sociales okupados, amistades, editoriales, presxs, grupos de acción y el mismo Mauri, posibilitaron la traducción a distintos idiomas y la exteriorización a una afinidad internacional de una memoria en ofensiva.

Este proyecto no hace más que seguir contribuyendo a esa senda histórica 17 años después de su muerte, sin entrar en parálisis aun cuando estos últimos años un compañero griego, Kyriakos Xymitiris, y dos compañerxs italianxs, Alessandro Marcogliano y Sara Ardizzone, encontraron la muerte confeccionando artefactos explosivos que utilizarían, de seguro, bajo la misma voluntad anárquica que hizo navegar al Mauri esa noche de mayo por aguas inquietas.

En esta quinta entrevista, con la intención de aportar en la proyectualidad de un próximo Mayo Negro, es que hemos entrevistado a compañerxs cercanxs a Mauri, donde cada unx, desde su actualidad, reflexiona y emprende un diálogo necesario para nuestras ideas y memoria.


Entrevista a Editorial Memoria Negra

1.    A partir del año 2019 se ve la aparición de “Mayo Negro” con un llamado donde se afirma que, “la memoria ha permanecido viva en la acción multiforme que nos mantiene unidxs a nuestrxs muertxs. Es con estos gestos que la maquinaria del olvido, el silencio y el arrepentimiento ha sido continuamente atacada y saboteada impidiendo que la decisión del compañero Mauricio Morales se consuma en el tiempo o en la vorágine de la sobreinformación.”. Desde esa fecha a la actualidad, ¿Dónde ven la potencia e importancia del Mayo Negro, lo consideran un llamamiento propio del territorio o consideran que ha logrado superar barreras físicas y lingüísticas para esparcirse a otros continentes?

Aquella cita fue sobre la convocatoria a 10 años de la muerte del Mauri, aunque a decir verdad el concepto de mayo negro o en la práctica la memoria en combate en dicho mes le antecede. Iniciativas similares o incluso complementarias también pueden situarse en “el día del kaos”.

La potencia de mayo negro y convocatorias similares, reside justamente en la posibilidad de transformarse en un punto de encuentro y dialogo. Así ha venido siendo y así pienso que se tiene que seguir proyectándose. Un momento donde nos encontramos, debatimos, se concretan conspiraciones, dialogamos, levantamos iniciativas sin conocernos y en varios territorios del mundo. La multiformidad permite en la práctica abarcar e involucrar a gran parte del entorno anárquico, es justamente aquella misma transversalidad de prácticas que empuñó el Mauri. La sintonía entonces es completa.

Mayo negro es una convocatoria gestada desde una mirada ácrata informal e insurrecta. No hay otra forma de entenderla. Aquella fecha nos pertenece por completo, pero también exige el empuje para seguir proyectándola por los excelentes resultados y cruces que ha generado en sus distintas dimensiones: Integeneracional, internacional e incluso sumando a otras tendencias anárquicas. A pesar de que no sean los tiempos más altos para la anarquía informal, desde el plano internacional mayo sigue siendo un mes donde todxs ponemos atención, donde nos leemos y escuchamos.

Desde un comienzo, la muerte de Mauri generó una fuerte repercusión internacional, incluso muy para sorpresa nuestra –sus cercanxs-, potenciando enormemente lazos hacia otros territorios. Hablamos de ataques, de traducciones, de diálogos y de un mutuo interés sobre otros contextos de lucha. La memoria de un compañero caído en combate sirvió de vehículo para potenciar encuentros entre una expresión concreta de entender la anarquía. Hoy resulta relevante señalar que mayo negro no puede alimentarse solamente por su memoria, sino que las actuales luchas, los nuevos debates y perspectivas vigentes son el real combustible de su expansión.

En ese aspecto la proyección de mayo negro se encuentra con los mismos obstáculos en general que se suelen mencionar en torno a la lucha anárquica actual: virtualidad, redes sociales, falta de cuestionamiento, falta de autodisciplina/responsabilidad, ausencia de proyección, valorización estética de la forma por sobre el fondo, etc.

2. En una revista llamada “Hermosamente violento” publicada el 2020 se habla de que “la memoria solo resiste el paso del tiempo y combate cuando se multiplica, se traspasa y supera a quienes vivieron directamente los acontecimientos”. Mirando hacia atrás, después de 17 años, ¿cómo han visto esta superación entre quienes lo vivieron y quienes no en torno al compañero Mauricio Morales?

La experiencia de quienes vivimos la muerte del Mauri de cerca esta mezclada por una serie de elementos que evidentemente no consiguen traspasarse. El cariño, el recuerdo, la tristeza, los proyectos y conversas interrumpidas,  cierta melancolía, la tragedia y la ausencia de un querido compa, son algunos elementos que a pesar del tiempo, están presentes.

Pero la proyección de la memoria no radica ni se sostiene a nivel de experiencia personal, sino justamente en la capacidad de trascenderlas. Encontrar esos elementos y dimensiones que proyectan una memoria anárquica fue lo que finalmente ocurrió. La validación de la violencia política, la sintonía de distintas expresiones del quehacer ácrata en una línea de confrontación directa, la crítica total al sistema carcelario, las consecuencias de una vida en combate, etc. Mauri era todo eso ( y más, claro está), pero es ahí donde trasciende, donde nuevas manos retoman el nombre para nuevos combates.

Dicho esto, creo que hay dos elementos claves que permiten entender esta proyección de la memoria en el caso del Mauri. Por un lado la decisión tomada en un principio por quienes conformábamos el C.S.O y Biblioteca Sacco y Vanzetti, que van desde las posiciones asumidas antes, durante y después de mayo del 2009, como también el asumir las consecuencias e incluso elevar la apuesta en el camino que estábamos como espacio público.

Por otro lado, algo incluso a más largo plazo y ciertamente circunstancial, está dado porque gran parte de lxs compañerxs que integramos el C.S.O y Biblioteca Sacco y Vanzetti hemos continuado en distintas expresiones de lucha, cada unx por su lado, aportando incansablemente a este caudal de memoria anárquica. La memoria se ha vuelto felizmente imposible de ser centralizada, expandiéndose de manera continua lejos de competencias en una complementariedad dada por la práctica que la hace simplemente irrecuperable por cualquier sector reformista o “alternativo”.

La urgente elaboración del libro (Mauri… la ofensiva no te olvida) iba directamente dirigido en ese sentido. Expandir, descentralizar, narrar, colectivizar la memoria para que fuese de todxs quienes la deseen armar. Esta memoria que supera a quienes estuvimos en los acontecimientos iniciales es evidentemente positiva, es lo que se buscaba desde un comienzo. No hay duda de que eso se logró y es un triunfo de la anarquía que se organiza informalmente, apostando por una conflictividad permanente y un dialogo entre pares.

Hoy Mauri sigue alimentando aquellas prácticas  que le eran tan propias: Conspiraciones, barricadas, editoriales y actividades en distintos territorios e idiomas. No hay duda de eso.

3.    Entendemos que Editorial Memoria Negra surge con la idea de “reconstruir el hilo negro de nuestros caminos de negación y aportar material propio” desde el ejercicio de sostener una editorial, ¿cuál creen que es su rol sobre la memoria, qué importancia ven en la labor de trazabilidad de nuestra historia?

Bueno, la editorial vio la luz en mayo de 2012, impulsada también como una pequeña dedicatoria al Mauri.

Respecto a lo que nos comentan, efectivamente creemos que la memoria constituye una labor fundamental y una de nuestras tareas prioritarias. Nos interesa rescatar historias que alimenten y den continuidad a las múltiples negaciones del dominio: desde experiencias de hace varias décadas hasta acontecimientos mucho más recientes que, de manera abrumadora, han sido olvidados.

Es precisamente la reconstrucción de esa continuidad histórica la que, creemos, permite no solo incorporar aprendizajes y experiencias del pasado, sino también discutir críticamente con ellas. Quizás sea esto último lo que más nos motiva: reconocer que nuestras luchas no son tan nuevas como muchas veces pensamos y que existe un enorme caudal de compañerxs que enfrentaron problemas similares, respondiendo de formas diversas. Ese arsenal de experiencias, errores, aciertos y aprendizajes es urgente recuperarlo e incorporarlo a nuestras prácticas.

Por ello hemos puesto especial énfasis en la producción de material propio. Esto, por supuesto, ha significado un catálogo menos abundante y un ritmo de publicación más lento que el de otros proyectos editoriales. Sin embargo, creemos que vale la pena destinar tiempo a investigar, escribir y rescatar materiales perdidos. Poder escribir desde nuestro propio lenguaje, nuestras perspectivas y nuestros criterios de investigación nos permite no tener que adaptar lecturas surgidas desde otras intenciones o autorías —académicas, partidarias o policiales—, sino desarrollar directamente los planteamientos que consideramos necesarios.

Trazar nuestra propia historia, o rescatar elementos de otras experiencias que puedan resultarnos útiles, solo cobra sentido si tiene como horizonte los combates del presente. Por eso también creemos indispensable abrir espacios para reflexionar sobre nuestros debates actuales y nuestras proyecciones. Al fin y al cabo, lo que hoy escribimos, discutimos y vivimos será, más temprano que tarde, parte del arsenal del que echarán mano quienes continúen enfrentando el dominio.

4.    Reutilizaremos una pregunta que es totalmente atingente. Este último tiempo varixs compañerxs anarquistas de distintos territorios han muerto en acción, accidentes, suicidios, enfermedades, etc. Mauri, Angry, Kyriakos, Belén, Tortuga, Risue, Snizana, Lupi, Sara y Sandro son algunxs de ellxs, en paralelo se ha extendido un discurso lleno de purismos y dogmatismo cercanos a grupos militarizados de izquierda donde se plantean fronteras entre compañerxs que han muerto en combate y otrxs que no, ¿consideras que el suicidio o la muerte natural de unx compañerx de lucha es una volcada perpetua al olvido? ¿Cuál debería ser el sentido, valor y práctica de la memoria frente a la muerte de nuestrxs compañerxs de lucha?

Huf! Bueno entramos en terrenos complejos, pero vamos! Difiero en parte con la premisa de la pregunta. No creo que particularmente en este último tiempo hayan muerto más compañerxs en distintas y variadas circunstancias, sino que es en este último tiempo donde se ha puesto en la palestra. Por nuestra condición humana, somos intrínsecamente mortales y solemos morir por una diversidad de motivos. Así ha pasado en otros momentos y épocas, donde varixs compañerxs nos han ido dejando.

La izquierda en general durante un enorme tiempo cargó con el tabú del suicidio, como un acto indigno de un revolucionarix de la misma manera la caída en combate lo transformaba en un mártir e ideal a seguir, en un paradigma repleto de “virilidad” y “valentía”. Superar estas construcciones es más que necesario, al igual que identificar a la muerte como la realización y consagración de caminos de lucha. Pero adentrándonos en la diferenciación entre muertos en combate y otrxs que no, nos enfrentamos ante un dilema incluso práctico. En breve tiempo tendremos un enorme listado a recordar, pues, tarde o temprano, de uno u otro modo todxs lxs compañerxs vamos a morir.

Si queremos complejizar aún más el tema, podemos agregar al debate a quienes mueren producto de la acción policial y distan bastante de ser compañerxs afines. Varios de estos casos han estado muy presentes en las últimas décadas de actividad revolucionaria por estos territorios. Claro está, el recuerdo de sus muertes nos permite subrayar la brutalidad de la represión, deudas a saldar con los sicarios uniformados y venganzas por cobrar. Ilusoria sería la construcción de una afinidad sencillamente por el hecho –a veces azaroso- de su lamentable muerte.

Ahora entrando al punto en tensión que se plantea, no considero que sea lo mismo morir por alguna circunstancia vinculada derechamente con la lucha, en prisión, asesinado, muerto por una explosión, en enfrentamientos u otra similar a situaciones propias de la vida dentro de este mundo. Precisamente porque la segunda es algo que va a seguir ocurriendo, y la primera corresponde únicamente a una consecuencia de una decisión consciente y directa de luchar contra el orden existente.

Dicho esto, sabemos que la perdida de compañerxs  fallecidos por accidentes, enfermedades, vejez, que han generado valiosos aportes a la lucha, es dolorosa, es triste, es un trago amargo, acompaña a quienes fueron sus cercanos durante toda la vida, su círculo los recuerda, están presentes en las iniciativas que se levantan. Algunos proyectos pueden llevar su nombre inspirados en su caminar, esto no es para nada nuevo en el ambiente revolucionario y particularmente en el anarquismo, pero la agitación en torno a su memoria se hace algo más conflictiva tanto por identificar las circunstancias de su muerte como parte activa del entramado del dominio, como también porque omite o invisibiliza la particularidad entre quienes murieron justamente como una consecuencia directa de sus decisiones de combate. En este aspecto no sería caprichoso volver a preguntarnos por el sentido de la propaganda y agitación.

Agitar y reivindicar las decisiones por las cuales compañeros cayeron en combate ayer es agitar y validar la confrontación contra el poder en el hoy. Es justamente la memoria ácrata la que debe saber destruir mártires, santos y ejemplos idílicos haciendo que el recuerdo no sea sobre sujetos excepcionales, sino sobre compañerxs pares entre pares que afrontaron las consecuencias de sus negaciones.

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Como algunas palabras finales agradecer profundamente la iniciativa de lxs compañerxs que llevan Informativo Anarquista y en el mismo sentido el llamado es a validar, utilizar, robustecer este tipo de medios de contrainformación, ya que justamente nos permite dialogar, hablar, encontrarnos entre quienes no nos conocemos necesariamente. Fortalecer la infraestructura de los entornos anárquicos y los proyectos que se levantan es una tarea de todxs quienes  combatimos el orden existente.


Entrevista a Biblioteca Antiautoritaria Sacco y Vanzetti

1.    A partir del año 2019 se ve la aparición de “Mayo Negro” con un llamado donde se afirma que, “la memoria ha permanecido viva en la acción multiforme que nos mantiene unidxs a nuestrxs muertxs. Es con estos gestos que la maquinaria del olvido, el silencio y el arrepentimiento ha sido continuamente atacada y saboteada impidiendo que la decisión del compañero Mauricio Morales se consuma en el tiempo o en la vorágine de la sobreinformación.”. Desde esa fecha a la actualidad, ¿dónde ven la potencia e importancia del Mayo Negro, lo consideran un llamamiento propio del territorio o consideran que ha logrado superar barreras físicas y lingüísticas para esparcirse a otros continentes?

Los llamados, por cierto, son una invitación a encontrarnos, a reunirnos, a dialogar entre compañerxs anárquicxs de un entorno amplio y difuso. Nos permite reconocernos e ir dando un aporte concreto a la creación y fortalecimiento de una memoria negra. Entendemos así, en el quehacer anárquico, que somos capaces y responsables de nutrir nuestra memoria, de extender su raíz y robustecer sus aportes.

La memoria anárquica, por definición debe ser levantada y construida por anárquicxs, en ese sentido, todxs estamos convocadxs a dar nuestro aporte de manera permanente, pero la existencia de un llamado a una semana, mes o coyuntura específica, nos convoca y contribuye a sacudir estancamientos.

Mayo Negro llama a esparcir la semilla de Mauri, a contagiar sus aportes, a extender la potencia de sus gestos/ideas/prácticas. Nos demuestra, en hechos concretos, que los años pasan, pero que Mauri sigue con nosotrxs, entre nosotrxs. Un “nosotrxs” anárquico, antiautoritario, subversivo, desjerarquizado, oponente a cualquier lógica de dominación.

La potencia de Mayo Negro radica en ese encuentro entre voluntades ácratas, que lxs convoca a alimentar la memoria negra, siendo en sí mismo un gesto más de memoria. Si comprendemos que la memoria está en permanente construcción, entendemos que cada unx de nuestrxs gestos la nutren y fortifican. En ese sentido, no nos unimos a un proyecto acabado y definido, sino que vamos ensanchando su potencia y dotándolo de nuestros propios énfasis y miradas.

Si bien muchos de los llamados surgen desde este territorio, los gestos y aportes, van hablando diferentes idiomas, apareciendo en diferentes territorios, porque Mauri se ha expandido hacia nuevxs compañerxs, superó su círculo cercano, viajando por diferentes geografías.

2.    A un año de la muerte en acción del compañero Mauricio Morales, reflexionaron y escribieron que, “nuestro presente, luego será el pasado de futuras jornadas de lucha es así como el ejercicio consiste en trasladar el pasado a los próximos combates, a las próximas circunstancias represivas. Recordar la lucha en el presente es vislumbrar el camino por el cual han caminado nuestros pasos y ayuda para saber dónde seguirán los próximos, eso es utilizar la memoria insurrecta para replantearnos estratégica y tácticamente el combate contra la realidad de opresión.”. Mirando hacia atrás, después de 17 años, ese traslado del pasado hacia los próximos combates, ¿cómo se ha visto actualmente en torno al compañero Mauricio Morales?

El 22 de mayo de 2009 Mauri muere intentando instalar un artefacto explosivo en la escuela de gendarmería, una vez que logran dar con su identidad, se desata la cacería policial/mediática. Cuando su fotografía y nombre circulan en todos los medios masivos de prensa, nosotrxs, compañerxs de okupación y variados proyectos, sabíamos a la perfección el vendaval que se desataría.

Decir que para nadie es fácil lidiar con la muerte, resulta casi una obviedad, pero en este caso, además de la pérdida física de un compañero -de un hermano-  estaba el hecho de que aquello había sucedido en abierta ilegalidad y osadía, entonces, teníamos el linchamiento de su nombre, de su gesto, para evitar su propagación y además una cacería en búsqueda de su acompañante.

En el escenario antes descrito, lo “razonable” para muchxs era guardar silencio, “vivir el luto”, darle espacio al dolor para que lo llenara todo y aprovechar de ponerse a resguardo de cualquier coletazo del brazo del poder (justicia, policía o prensa).

Pero lo que hicimos fue precisamente lo contrario… con orgullo y altivez. Así en medio del huracán y con la cabeza hirviendo ese 22 de mayo, tomamos la decisión de salir a reivindicar a Mauri y su accionar, no solo por él, no solo por nuestra lealtad o lazo con él, sino porque entendimos que guardar silencio era darle el amplio espacio al poder para que impusiera sus discursividad, escribiera la historia a su acomodo y arbitrio.

Alzamos la voz porque nutrimos nuestros procesos con la historia y memoria de generaciones que nos antecedieron, así todo lo que leímos, escribimos, conversamos y tensionamos antes de ese 22 de mayo -y que nos llevó a reivindicar la Anarquía y la insurrección- cobra sentido y materialidad en como enfrentamos e interiorizamos ese conocimiento para llevarlo a la práctica en el presente y en primera persona, sin delegar ni esperar “mejores condiciones”.

Alzar la voz, decidir enfrentar la arremetida policial, también fue un llamado al entorno difuso, hizo que cientos de compañerxs, cercanxs o no, que reivindicaban a Mauri como un compañero, se acercaran a solidarizar, a expresar complicidad y a enfrentarse con la policía.

Mirando hacia atrás, esas primeras horas, fueron forjando un sendero, abriendo esa perspectiva de memoria, creando esos escenarios donde Mauri siguiera siendo peligrosamente libre. El presente de aquel momento, esa noche tan cargada de malos augurios, se transformó en un momento de complicidad y de cientos de expresiones anárquicas, sin dirigencias, ni liderazgos. Se cambió el aura, como entorno no fuimos “víctimas” del dolor, ni devoradxs por su presencia.

Esa noche, hoy es nuestro pasado, pero las decisiones que allí se tomaron, sin duda fueron abriendo un camino y convocando y llamando a cientos de compañerxs más. Ello nos demuestra la importancia de siempre levantar la cabeza y mirar con perspectiva histórica lo que nos ocurre y aqueja en el presente, reflexionar en cómo se vivió algo similar en nuestro pasado y en cuál es el aporte que queremos dejar (no desde el hedonismo, si no desde la sincera entrega de compañerxs anárquicxs).

En esos primeros momentos, reivindicar a Mauri, su entrega, su recorrido, fue generando y posibilitando el surgimiento de una memoria negra, su cuerpo había muerto, pero el aporte de su vida seguía y sigue contagiando a más compañerxs.

Así nuestrxs muertxs traspasan el entorno cercano que tuvieron en vida y van expandiéndose a más y más compañerxs, animándonos a continuar luchando. De eso se trata la memoria.  Esto no ocurre por generación espontánea, se va creando, se va cuidando, se va a nutriendo de forma permanente, para que no se produzcan vacíos generacionales.

Mauri ha estado presente en estos 17 años, su memoria sigue vigente porque el rescate de su presencia ha sido permanente. Y esa persistencia en la memoria se da por medio de diferentes herramientas y aristas, todas valiosas y necesarias. Saber combinar esas herramientas también refuerza la potencia de cada gesto.

Actividades, libros, convocatorias, fanzines, reivindicaciones, acciones ilegales, murales, panfletos, lienzos, escritos, contrainformación, propaganda, todo empuja y nutre esa marea anárquica. Si en este presente, compañerxs de 13/14 años protagonizan salidas incendiarias reivindicando a Mauri, es precisamente porque se hacen parte de esa memoria, cruzan ese puente que fue creando con el aporte de muchxs compañerxs.

Por razones obvias alguien más pequeñx no conoció directamente a Mauri, pero lo siente cercano porque conoce sobre su memoria y aporte a la Anarquía, entonces lo integra como un compañero más en su grupo de complicidades.

3.    El proyecto ha continuado pese a diferentes escenarios, principalmente desde el ejercicio de sostener una biblioteca: ¿cuál creen que es su rol sobre la memoria, qué importancia ven en la labor de archivo de nuestra historia?

Los libros, el material escrito, condensan y transmiten la experiencia acumulada por diferentes personas, colectivos, grupos y/o territorios, aprender de ello, entrar en contacto con otras realidades, nutre nuestra experiencia individual y colectiva.

En ese sentido los libros no son un fetiche o un bonito objeto decorativo, para nosotrxs son armas y herramientas con las que afianzar nuestro camino y alimentar nuestra imaginación para combatir a cualquier autoridad. Por ello persistimos en la labor de la Biblioteca, con horarios fijos y turnos permanentes.

El proyecto sigue vivo no por nostalgia o hobbie, sino porque está plenamente vigente, leer siempre será necesario, para aprender, para interiorizar, para ampliar la mirada, para armar nuestras posiciones, para tensionar las mismas, leer para entrar en contacto con nuestra historia, leer para discutir, leer para crear, leer para destruir, leer para accionar, leer para combatir y resistir.

Una biblioteca con perspectiva y posicionamiento anárquico por cierto que es importante, no se trata de tener libros arrumbados y jugar a pertenecer a “algo”, se trata de distribuir y colectivizar material que nutre nuestra conciencia y nos invita siempre a movernos en consecuencia.

En un mundo donde todo parece comprarse y venderse, donde todo parece tener precio y ser a la vez volátil, persistir en la negación de la propiedad privada y poner en colectivo libros de manera gratuita nos parece relevante, porque demuestra que podemos y debemos vivir en el aquí y ahora de la forma que queremos, de acuerdo a nuestros valores y posicionamientos. Por ello desarrollar proyectos acordes a cómo queremos vivir, será siempre un acto de resistencia y ofensiva.

La Biblioteca lleva el nombre de 2 compañeros anárquicos asesinados por el poder en la silla eléctrica, Nicola Sacco y Bartolomeo Vanzetti, desde un inicio surge como una instancia para reivindicar la memoria, por cierto, que esto se fue puliendo y afilando con los años, con el paso del tiempo y la radicalización de muchas ideas y prácticas.

Una Biblioteca de un claro posicionamiento anárquico e insurreccional, que difunde y defiende ideas y prácticas que le son afines, sin tibiezas ni medias tintas, claramente va buscando e intencionado complicidades en esa misma línea de pensamiento/acción.

Con el paso de los años abrimos un archivo de música, fanzines, afiches y panfletos anárquicos, su nombre es Carlo Valdinoci, en recuerdo de un compañero anárquico de acción que murió el 2 de junio de 1919, instalando un artefacto explosivo en la casa del Fiscal General Mitchell Palmer en EEUU.

Carlo era parte de un entorno activo de compañerxs ácratas que se agrupaban informalmente en torno al periódico Cronaca Sovversiva. En ese círculo se agrupó y afianzó relaciones con compañerxs como Nicola Sacco, Bartolomeo Vanzetti, Luigi Galleani, Gabriela Antolinni, Mario Buda, entre otrxs, nos pareció un hermoso gesto que, pese al paso de los años, la muerte en acción o el asesinato a manos del poder, los compañeros siguieran juntos, reunidos en torno a una Biblioteca y un Archivo.

Pero no es el romanticismo o la nostalgia lo que nos mueve, si no la profunda convicción de que trayendo a la memoria a nuestrxs compañerxs que han muerto, sus vidas nos inspiran a continuar, a no decaer pese a las más duras circunstancias, aprender de sus procesos, crecer y hacernos fuertes en el reconocernos compañerxs, más allá de épocas y distancias geográficas.

Un archivo, por cierto, que nos permite recorrer nuestra historia anárquica reciente o muy lejana, extraer ideas, potenciar nuestra imaginación y alimentar nuestro espíritu crítico, tensionándonos de forma permanente.

4.    Reutilizaremos una pregunta que es totalmente atingente. Este último tiempo varixs compañerxs anarquistas de distintos territorios han muerto en acción, accidentes, suicidios, enfermedades, etc. Mauri, Angry, Kyriakos, Belén, Tortuga, Risue, Snizana, Lupi, Sara, Sandro, son algunxs de ellxs, en paralelo se ha extendido un discurso lleno de purismos y dogmatismo cercanos a grupos militarizados de izquierda donde se plantean fronteras entre compañerxs que han muerto en combate y otrxs que no, ¿consideras que el suicidio o la muerte natural de unx compañerx de lucha es una volcada perpetua al olvido? ¿Cuál debería ser el sentido, valor y práctica de la memoria frente a la muerte de nuestrxs compañerxs de lucha?

Como anárquicxs, por definición combatimos el poder y las jerarquías, esto se extiende a todo aspecto de la vida. En ese sentido, establecer niveles, rangos o lógicas que busquen diferenciar a unx compañerx de otrx, en función del material que portaba, la forma en que encontró la muerte o lo que dejó de forma palpable para ser colectivizado después (libros, textos, comics, etc.), nos parece ilógico.

La confrontación y el sendero anárquico tienen variadas herramientas, ninguna vale más que otra, al asumirlo así, se comprende que el combate a la autoridad es multiforme, por lo mismo resulta evidente que la muerte de nuestrxs compañerxs llegará de diferentes maneras, dependiendo de cientos de circunstancias.

Hay muertes que explican la vida que cada compañerx tuvo, hablamos de un enfrentamiento con la policía o la decisión de una acción directa, pero la muerte también llega de maneras diferentes y esto no convierte a nuestrxs compañerxs en sujetxs de segunda o tercera categoría, menos importantes o que deban quedar en el olvido.

Por cierto que hay muertes que impactan, porque nos hablan de la entrega del/lx compañerx, de su coraje y osadía, removiéndonos por completo, pero es el rescate de su vida lo que nos convoca, el rescate de sus decisiones, de las convicciones que llevan a que determinadx compañerx se relacione con diversos materiales y transite senderos de acción directa.

Pero ese rescate de experiencias, no se hace en desmedro de múltiples experiencias más. El aporte que compañerxs anárquicxs realizan a la Anarquía misma, no puede ser medido o cuantificado bajo una lógica jerárquica, sostenida en la forma en que cada unx encuentra la muerte.

Unx compañerx no vale más que otrx, un material no vale más que otro, un calibre no vale más que otro, ni una fórmula vale más que otra. Lo que trasciende es la decisión, voluntad y entrega a combatir, como cada unx lo haya decidido.

Nosotrxs no ponemos a competir a nuestrxs muertxs, porque es absurdo, ridículo y plagado de faltas de respeto. Cada compañerx es únicx en su individualidad y une su aporte a la marea difusa de cientos de aportes más.

Una enfermedad, un accidente en la hostilidad de la ciudad y el trabajo asalariado o un suicidio, no empequeñece ni diluye el aporte que cada unx de lxs nuestrxs ha realizado a lo largo de su vida, sus aportes no desaparecen o, mejor dicho, no debieran desaparecer. Saber hacer ese rescate, esos tránsitos de vidas, esas entregas, es tarea de toda persona que lo crea necesario.

Evidentemente cada unx se moverá en función de historias, de vidas, de recorridos y aportes que más le hagan sentido, eso es natural, el solo hecho de querer hacer ese rescate, para sembrar memoria negra, en sí mismo ya es un aporte a la Anarquía, que busca, sin lógicas jerárquicas ni de competición, que nuestrxs compañerxs sigan transitando entre nosotrxs y que sus aportes no mueran en el olvido.

No andamos “buscando a quien reivindicar”, porque quisiéramos que nuestrxs compañerxs no encontraran la muerte, pero si ella llega, de la forma que sea, queremos que la memoria sepa disputar el absolutismo del silencio que pretende ser la muerte.

Y recordar a nuestrxs muertxs, se ha dicho ya cientos de veces, pero vale aclararlo siempre, no lxs endiosa, nos lxs eleva por sobre el resto, no lxs vuelve ni nuestrxs mártires, ni nuestrxs héroes… quizá quienes no saben moverse y vivir bajo lógicas desjerarquizadas, andan proyectando siempre, eternamente, en lxs demás aquellos vicios.

Nosotrxs no cargamos esas culpas, por ello reivindicamos la memoria negra, la acción multiforme en esa orientación y el aprender a caminar con nuestrxs muertxs siempre cerca, anidando en el negro corazón. Nos parece importante entender y recalcar que la memoria no se genera de manera espontánea, no viene aparejada per se con la muerte, por ello implica un desafío y un ejercicio constante (por ello hablamos de siembra). Cuando entendemos eso, también entendemos lo fundamental de cada gesto que vaya potenciando la generación de la memoria, la siembra necesaria para que nuestrxs compañerxs no desaparezcan.

Si no fuese necesario realizar gestos, todxs nuestrxs compañerxs que a lo largo de la historia han muerto, estarían a flor de boca, presentes en las manos activas y en cada gesto, pero bien sabemos que no es así y aquello no ocurre no porque no se merezcan el recuerdo, si no porque no ha habido gestos lo suficientemente permanentes o potentes para que esa memoria fuese traspasando círculos, entornos, épocas y lugares.

Pensemos por ejemplo en tantxs combatientes asesinadxs en dictadura, en falsos o reales enfrentamientos, ¿de todxs conocemos sus nombres?, todxs nos convocan a combatir?, la respuesta es negativa y no porque no se merezcan el recuerdo, sino porque no hubo capacidad, decisión o medios para hacer de ese ejercicio de memoria algo permanente, que fuese convocando y alentando a más compañerxs.

El día de la juventud combatiente, en gran medida no existiría sin la persistencia, tenacidad, arrojo y entrega de la compañera Luisa Toledo, madre de los hermanos Vergara Toledo asesinados un 29 de marzo de 1985 a manos de la policía. Sus nombres se recuerdan y convocan precisamente porque hubo una constante decisión de desafiar y combatir el olvido. Aquella compañera valiosa, Luisa, que tanto aportó al camino de cientxs de combatientes, subversivxs y anárquicxs durante décadas, murió de cáncer el 6 de julio de 2021 tras batallar años contra la enfermedad, ¿pasará al olvido porque murió de esa forma?. Por cierto que no, pero ello implica decisión, voluntad y compromiso.

Habrá quienes digan que desde algunos espacios anárquicos “solo” nos preocupamos de lxs muertxs, que centramos nuestro quehacer en ellxs y es absurdo, sería hasta gracioso si no fuese irritante, pero más allá de aquello, es irreal. Además, que se pasa por alto lo importante, que no es la exaltación de la figura de un compañerx muertx lo que nos convoca, ni lo que se pretende o persigue, si no por el contrario, es contagiar el ímpetu, mostrar un recorrido, con aciertos y errores, que aliente y alimente nuestro propio camino, para seguir y perseverar.

Algunxs dirán que se habla mucho de lxs muertxs, otrxs acusarán de “presismo”, manifestando que siempre se nombra a lxs presxs o se hacen cosas por ellxs, que se habla eternamente de la cárcel, que una y otra vez volvemos hacia esos temas…más allá de lo absurdo del planteamiento –que pretende castrar, aunque nunca lo asuma- evidentemente unx aborda los temas que le son cercanos, que le han golpeado o que sabe, que más temprano que tarde lx golpearán por su propio recorrido.

La memoria cobra sentido en el traspaso de experiencia, en el fortalecimiento de las convicciones, en el empuje que genera para la acción concreta contra el dominio, pero para que esas acciones se generen, debe existir memoria, en un ciclo que se alimenta así mismo.

En ese sentido para que exista un ataque a la 54 comisaría de Huechuraba en memoria de Claudia López, tiene que existir -por definición- una memoria en torno a Claudia que convoque al accionar tras 21 años de su asesinato. Para que exista un ataque al Laboratorio Abbott que reivindique a Belén Navarrete, debe existir una memoria en torno a una compañera que, si bien muere producto de una enfermedad, gran parte de su vida la volcó a la Anarquía y al ataque mismo. Para que exista un ataque en territorio griego reivindicando a Mauricio Morales, debe existir una memoria y una reivindicación del camino del compañero, capaz de cruzar océanos y hablar diferentes lenguas.

Por ello decimos que la memoria negra no es contemplativa, ni padeciente, ni victimista, porque nos llama a resistir, persistir y continuar.