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ALGUNAS REFLEXIONES Y UN LLAMAMIENTO A LA MOVILIZACIÓN,
EN SOLIDARIDAD CON LAS Y LOS COMPAÑEROS Y COMPAÑERAS DETENIDXS Y
SOMETIDXS A INVESTIGACIÓN EN LA OPERACIÓN DEL 16 DE JUNIO.
Han pasado diez días desde que, al amanecer, en diversas partes de la
bota, las y los compañerxs se despertaron con los golpes de la policía
en las puertas y en las barricadas; diez días desde que el Bencivenga
fue sellado con cemento; diez días en los que se ha dormido poco, se ha
maldecido mucho, se ha pensado y reflexionado.
Necesitamos transformar el universo de emociones y sensaciones que
llevamos dentro a través de las palabras; necesitamos reencontrarnos en
el calor de la solidaridad, en una acción concreta que rompa el
dispositivo más atroz de la represión: el aislamiento.
Queremos, asimismo, aspirar a reflexiones y análisis que estén a la
altura de los tiempos verdaderamente complejos y graves que estamos
viviendo para intentar convertirlos, en cambio, en un momento propicio.
Aunque este enésimo golpe a nuestras relaciones de complicidad nos
obliga a escribir con premura, sentimos la necesidad de exponer algunos
conceptos que consideramos fundamentales para interpretar esta nueva
investigación antianarquista.
Nos encontramos ante un guion que combina viejos y nuevos instrumentos
represivos en un contexto marcado por profundos cambios sociales. Sin
embargo, dado que ya existen numerosos análisis, y más profundos, sobre
la realidad que vivimos, queremos centrarnos no tanto en esbozar el
contexto-mundo en el que el poder sitúa esta operación como en lo que
esta operación nos dice sobre ese mundo.
Los argumentos que se esgrimen repetidamente, con el fin de persuadir a
un juez de instrucción para que ordene el encarcelamiento de nuestrxs
compañerxs, se refieren al contexto de algunas luchas que se han
desarrollado en Italia en los últimos años. Y es desde aquí desde donde
queremos partir.
Nos referimos principalmente a la lucha contra el 41bis que, de alguna
forma, desde nuestro punto de vista, ha encontrado una continuidad en
las movilizaciones por Palestina, desarrolladas con fuertes
connotaciones antiautoritarias (en el primer caso, exclusivamente
anarquistas) y que, creemos, es importante reivindicar como una pieza
fundamental de nuestro presente de conflicto.
De aquellos días y meses de rabia y acción no deben hablar por nosotrxs
los carroñeros de los tribunales, los periódicos o los cuarteles; pero,
cuando son ellos quienes lo hacen y los citan explícitamente como motivo
de la represión, nos parece fundamental detenernos en el impacto que ha
tenido y tendrá aquello que hemos puesto, y seguiremos poniendo, en
juego.
Quizá no haya habido tiempo (o ganas) de analizar en profundidad lo que
se ha puesto en juego en esas calles y plazas, pero la operación
represiva del 16 de junio también tiene su origen ahí y, por lo tanto,
nos parece sensato preguntarnos por qué.
El poder parte de la necesidad de que lxs anarquistas sean aisladxs,
difamadxs, sacadxs a la luz en los periódicos cuando lxs detienen, para
luego volver al olvido de la historia.
Así, en parte, el Estado consigue gestionar la existencia de una
idea-práctica que conducirá a su destrucción y a la extinción de su
razón de ser: el dominio.
Cuando, por el contrario, las y los anarquistas ya no son unxs extrañxs,
sino que están presentes en el espacio público y sus consignas están en
boca de personas «insospechables», o cuando en las manifestaciones
masivas se difunden algunos temas y prácticas del anarquismo, es
entonces cuando el Estado decide enviar una señal más contundente que
otras.
La represión sirve, de hecho, no solo para intentar romper vínculos
consolidados, debilitar ánimos y cuerpos, y sembrar el pánico entre los
enemigos del orden, sino también para disuadir a posibles cómplices de
unirse a la «mala maestra».
La avalancha de denuncias, detenciones y medidas preventivas contra
quienes se definen como activistas demuestra que, sin duda, este
gobierno es más celoso que otros a la hora de reprimir hasta el más
mínimo disenso, pero esta furia punitiva también nos dice que el
leviatán debe atacar para mantenerse con vida, lanzándose cada vez con más frecuencia
y violencia contra quien se le opone .
Es la lógica misma de la guerra: solo continúa si tienes enemigos
siempre nuevos contra los que luchar y a los que entregar como presa a la parte de la población
sometida por los resurgimientos patrióticos. Afortunadamente, todavía
existen —y siempre existirán— minorías activas que no solo se niegan
asumarse al reclutamiento patriótico de las conciencias, sino que además
intentan sabotearlo.
En este sentido interpretamos el desalojo de un lugar histórico del
movimiento anarquista, de la contracultura, de la oposición a la vida metropolitana mercantilizada:
nos quitan los espacios porque es al recorrerlos juntxs (ya sean plazas,
casas ocupadas, masías, montañas) donde se crean vínculos y posibles
conspiraciones.
Nos quitan nuestros lugares también para acabar con nuestra historia,
que, tal y como nos enseña la cuestión palestina, está visceralmente ligada a los
territorios que habitamos, en los que luchamos.
En cualquier contexto de guerra, la compresión del espacio público debe
ser máxima; ni hablar de tolerar la existencia de una isla de alteridad tan descarada como
siempre ha sido el Bencivenga.
Y si hablamos de guerra es porque todo en la acción de la represión
habla el lenguaje bélico: la demostración de fuerza de las redadas
policiales con pasamontañas calados hasta la cara; la colocación, a modo
de afrenta fascista, de la bandera tricolor en la puerta recién tapiada
del Benci, ¿qué son sino una diapositiva de la guerra que, como manchas
de Leonardo (ndt: juego de palabras entre guepardo y Leonardo, la mayor
industria bélica italiana), ya está en marcha contra quienes eligen el
camino de la rebelión o recorren, por el impulso centrífugo de la
historia, el gran éxodo de la exclusión de los privilegios?
¿Y qué fue la celebración de los Juegos de Milán-Cortina, contra los que
la acción de sabotaje de los trenes de la que se habla en la
investigación se abalanzó como un rayo, si no un gigantesco y
multimillonario desfile bélico? (que alcanza su punto álgido en la
ostentosa presencia de las tropas del ICE).
El hecho de que el Estado pueda verse obstaculizado, debilitado,
saboteado o ralentizado en sus propias venas o arterias, —las
infraestructuras de transporte y telecomunicaciones— resulta intolerable
para una institución totalitaria que se identifica, más allá de los
formalismos democrático-liberales, esencialmente con su propia tendencia
a la guerra, tanto externa como interna. Una guerra no declarada a la
que llamamos normalidad.
Las armas que se despliegan en este goteo contra la rebelión y la
alteridad, en el estado actual de la organización social, ya no están representadas por el pelotón de
ejecución que se alinea ante los condenados, sino más bien por un laberinto de sofisticadas
trampas y cepos que reciben el nombre de leyes.
Con esto no queremos decir que la ley sea un instrumento represivo nuevo
(por desgracia, es tan antigua como la autoridad), sino que asistimos a una forma de
pan-penalización y pan- normatividad, en el contexto italiano, que nos
oprime, y esta forma particular de represión provoca toda una serie de
consecuencias específicas en quienes la sufrimos y nos resistimos a ella.
Además, el arsenal del Estado italiano se ha enriquecido increíblemente
con nuevas herramientas represivas en los últimos años (sin dejar nunca
de aceitar una maquinaria represiva ya perfectamente engrasada, de la
que el 41 bis constituye una pieza indispensable) y esto, fíjense bien,
no lo atribuimos a la naturaleza fascista de los gobernantes actuales:
hoy, más que nunca, nos permitimos afirmar que democracia y fascismo son
exactamente las dos caras de una misma moneda, intercambiables y capaces
de coexistir.
Un artículo, entre otros, que esta investigación lanza contra nuestros
compañeros, y que ha justificado la detención de dos de ellos (detención
que, en igualdad de condiciones, hace solo un año no habría tenido
lugar), y que nos parece que requiere una intervención urgente por
nuestra parte, es el 270 quinquies tercero. El llamado «terrorismo de la
palabra».
Si bien es cierto que llevamos años, décadas, enfrentándonos a
acusaciones relacionadas con delitos de asociación (artículo 270 bis),
el hecho de castigar la mera posesión de material impreso o virtual que
pueda ser considerado terrorista abre la puerta a situaciones de
detenciones (¡en flagrante delito!) muy fáciles de llevar a cabo para
nuestros represores.
El artículo 270 quinquies, tercer párrafo, a diferencia del segundo
(autoformación), según los expertos jurídicos, es extremadamente difícil
de rebatir en el juicio, ya que el fiscal no tiene que demostrar ninguna
intención de «pasar a la acción»: el mero hecho de poseer un escrito
incriminatorio puede llevarnos a la cárcel. Esta ley parece hecha a
medida para un movimiento, como el anarquista, en el que los escritos
siempre han tenido un gran y numeroso protagonismo tanto en el
crecimiento individual, como en la propaganda.
Estas son las reflexiones que, tras debates que aún deben profundizarse,
hemos considerado oportuno compartir para trazar un mínimo común de
acción y discurso sobre el que queremos convocar la movilización en
solidaridad con quienes han sido detenidxs, registradxs, investigadxs y
encarceladxs en su propia casa.
En este momento sentimos con fuerza la necesidad de garantizar que la
represión nunca, jamás, se viva como un asunto privado (aunque se trate
de un contexto que no es el anarquista, el suicidio de dos activistas
por Palestina, en Turín, sometidos a arresto domiciliario, nos da una
idea sangrienta de la situación) y queremos, para concluir este texto,
hacer un llamamiento a la movilización en solidaridad con lxs compañerxs
afectadxs por la operación del 16 de junio. Precisamente para salir de
la esquina, precisamente para poner abiertamente, encima de la mesa, el
hecho de que hay un mundo que se está desmoronando y cuya caída podemos
acelerar, construyendo al mismo tiempo ese sueño tan difícil e
ineludible que es la anarquía.
Entre el 10 y el 12 de julio, de cara a la revisión de sus acusaciones y
de sus medidas cautelares, hagamos sentir con fuerza la solidaridad con
nuestras compañeras y compañeros rehenes del Estado: cada una y cada uno
de la forma que considere oportuna, como solemos decir, para salir del
bajón en el que nos encontramos y relanzar nuestras ganas de dar la
vuelta a este maldito presente.
La libertad es posible y tangible en la lucha por la liberación.
¡Solidaridad y complicidad con las detenidas, registradas e interrogadas
del 16 de junio!
¡Nico, Micol, Pietro, Giu, Luna, Bibi, Toni, Arnau y Ste, libres ya!
¡Todas libres! ¡Fuego a los tribunales y a las cárceles!
Algunxs compañerxs solidarixs
A continuación difundimos los datos de la cuenta en la que se pueden
ingresar donativos y contribuciones económicas para la operación del 16
de junio: A PARTIR DE AHORA, HACED REFERENCIA ÚNICAMENTE A ESTA CUENTA.
Giovanna di Romano
IT67E3608105138259570159586
Numero Carta PostePay (Tarjeta prepagada)
5333174809836489