extraído desde La Nemesi
(Italia) Continuamos hablando de Sara y Sandro (Foligno, 5 de julio de 2026)
La muerte de Sara Ardizzone y Alessandro Mercogliano, ocurrida durante la noche del 19 al 20 de marzo en Roma tras la explosión y el derrumbe de una casa rural en el Parque de los Acueductos, abrió una herida que se niega a cerrarse. La reacción espontánea del movimiento anarquista en Italia y en otras partes del mundo fue, en su inmensa mayoría, digna y coherente con la trayectoria de vida de dos revolucionarixs caídxs en combate.
Sin embargo, hasta ahora ha faltado un verdadero espacio de discusión y reflexión colectiva. No es algo que lamentemos; al contrario, creemos que los tiempos largos son, de algún modo, necesarios frente a la naturaleza de un acontecimiento así. Son inevitablemente los tiempos del duelo, pero también los tiempos que requiere comprender materialmente lo ocurrido.
No creemos que la actitud adecuada frente a esta tragedia deba ser la de una campaña específica, con sus urgencias, contingencias y la ansiedad de hacer algo “práctico” que ese tipo de luchas suele imponer. Evidentemente, una situación de este tipo también ha dado lugar a distintos momentos de confrontación: el intento de sabotear, mediante toda clase de maniobras miserables, la participación en los funerales; la detención preventiva de 91 anarquistas cuando intentaban dejar flores cerca del lugar de la explosión la mañana del 29 de marzo; o la campaña de difamación mediática contra la jornada realizada en Valnerina en memoria de Sara.
Todos esos episodios se transformaron en momentos de lucha debido a la actitud del Estado y de quienes le sirven desde distintos frentes —comisarías y redacciones, ministerios y tribunales—, una actitud orientada a extender un manto de silencio y marginación moral sobre nuestrxs compañerxs. Basta pensar en la reivindicación política que hizo la presidenta del Consejo, Giorgia Meloni, de la detención preventiva de los 91 anarquistas, primera aplicación absoluta de este mecanismo introducido en el último “paquete de seguridad”.
Más allá de esos episodios —tan necesarios porque era fundamental rechazar el intento del Estado de aislar social y moralmente a lxs dos compañerxs fallecidxs—, no entendemos la memoria de Sara y Sandro como algo subordinado a las urgencias de una reivindicación concreta. La entendemos como una herencia y un patrimonio que debe preservarse a lo largo de los años y las décadas, y que debe acompañar todas las luchas.
Creemos que, varios meses después de lo ocurrido, ya puede convocarse un primer espacio amplio de reflexión colectiva sobre los hechos. Un espacio que debería tomarse el tiempo necesario para discutir al menos tres grandes cuestiones.
En primer lugar, el aspecto técnico. Dentro de unos dos meses debería vencer el plazo para la entrega de los resultados de las autopsias, y podrían empezar a aparecer también los informes policiales y judiciales sobre cómo, según ellos, ocurrieron los hechos. Decir que no confiamos en el trabajo de los profesionales de la represión sería quedarse corto: nuestra posición hacia ellos es de abierta hostilidad.
Aun así, dadas las circunstancias —con el Estado monopolizando la ciencia, la investigación e incluso el control físico de los cuerpos y del lugar de la explosión—, los resultados de sus investigaciones adquieren inevitablemente el valor de material “objetivo”. Una tarea importante será entonces desmontar ese material, tratando de identificar contradicciones, elementos denunciables o aspectos sobre los que desarrollar contrainformación e investigación independiente.
En segundo lugar, querríamos abrir una discusión de carácter ético y político sobre lo sucedido. Una discusión que, en realidad, comenzó inmediatamente después de los hechos gracias a los numerosos comunicados que reivindicaron con orgullo la fraternidad y la complicidad con Sara y Sandro; continuó en las asambleas improvisadas pocas horas después de conocerse la noticia de su muerte; siguió en los márgenes de las manifestaciones realizadas, en las intervenciones cerca de los cementerios e incluso dentro de las celdas de seguridad de la comisaría de Roma.
Ya sea por la alienación producida por la difusión virtual, por la dispersión entre múltiples iniciativas o, sobre todo, por la falta —completamente natural— de claridad tras una tragedia que durante semanas trastocó todos nuestros pensamientos, faltó un momento de discusión horizontal y colectiva, convocado con el tiempo suficiente para que lxs compañerxs pudieran organizarse para asistir y llegar con reflexiones más maduras y asentadas.
Por último, querríamos abordar una discusión sobre las cuestiones prácticas y organizativas necesarias para seguir manteniendo viva la memoria de Sara y Sandro dentro de nuestros recorridos políticos. Desde manifestaciones públicas hasta iniciativas editoriales; desde dedicar espacios con sus nombres hasta la posición que mantener en los procesos judiciales donde estos compañeros eran nuestros coacusados, además de cualquier otra cuestión que pueda surgir durante el debate.
PARA CONTINUAR HABLANDO DE SARA Y SANDRO.
PARA QUE NADA HAYA SIDO EN VANO.
PORQUE ESA ANTORCHA SIGUE ENCENDIDA.
NOS VEMOS EL DOMINGO 5 DE JULIO A PARTIR DE LAS 10:30 EN EL CÍRCULO ANARQUISTA «LA FAGLIA», EN LA CALLE MONTE BIANCO 23, FOLIGNO. EN CASO DE CALOR EXCESIVO O SI EL ESPACIO RESULTA INSUFICIENTE, NOS TRASLADAREMOS A LOS JARDINES PÚBLICOS CERCANOS