(Chile) Palabras a 2 años de la muerte del compañero Luciano Pitronello por Biblioteca Autónoma Sante Geronimo Caserio

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(Chile) Palabras a 2 años de la muerte del compañero Luciano Pitronello por Biblioteca Autónoma Sante Geronimo Caserio

Han pasado dos años desde que Tortuga nos dejo físicamente.

Dos años son suficientes para que la ausencia deje de sentirse únicamente como una herida reciente y empiece a convertirse también en una certeza.

Durante mucho tiempo Tortuga fue reconocido públicamente por el día en que casi murió. El poder quizo convertirlo en un terrorista despreciable, la opinión pública  en un ejemplo de «castigo divino». La prensa intentó convertirlo en un arrepentido. Otros quisieron convertirlo en un derrotado. El fue anarquista hasta el último día y lo fue con orgullo. Con la porfía que lo caracterizaba fue un compañero que sostuvo convicciones con enorme firmeza y consecuencia.

Conoció la rabia, la decepción, la frustración, la soledad y la humillación. Pero también la alegría, el aprendizaje, el trabajo, los proyectos y esa satisfacción profunda de sentirse nuevamente dueño de su propia existencia.

Su accionar político no fue un accidente de su juventud ni una etiqueta de la que necesitara desprenderse para seguir adelante. Fue parte de la manera en que entendió el mundo, de las injusticias que decidió enfrentar y de los vínculos que construyó con otros. El poder intentó golpearlo y convertir ese golpe en una lección de obediencia. Tuvo que aprender nuevamente cosas que antes hacía sin pensar. Habitar un cuerpo que había cambiado. Aceptar que algunas cosas requerirían más tiempo. Y, sobre todo, aprender a mirar su vida de otra manera.

Muchas veces dijo que podría haber muerto en aquel primer accidente y que, por eso, cada día que vino después era un regalo.

Los golpes del poder no borran aquello que los hizo necesarios, resistir no significa solamente soportar sus golpes  significa tambien devolverlos allí donde más importa: en nuestra negativa a aceptar como natural aquello que nos oprime; en nuestra capacidad de organizarnos; en nuestra decisión de no agachar la cabeza; en nuestra voluntad de seguir pensando, cuestionando y construyendo con otrxs y el no dudo en utilizar todos los medios para lograrlo.

Y es esto lo que queremos rescatar especialmente de su memoria.

Porque la libertad no puede ser solamente una palabra que pronunciamos cuando hablamos contra el poder.

La libertad tiene que poder sentirse en la propia existencia.

En el tiempo que tenemos.

En las personas que amamos.

En aquello que aprendemos.

En conversar durante horas.

En hacer algo simplemente porque nos produce alegría.

En construir una vida que no esté organizada únicamente alrededor de sobrevivir. Una persona agotada tiene menos tiempo para preguntarse por qué vive como vive. Una persona permanentemente preocupada tiene menos energía para encontrarse con otros, organizarse, crear o imaginar algo diferente. A crear una grieta en su sistema que poco a poco pueda convertirse en un socavon.

El ultimo tiempo de su existencia lo vimos con una sonrisa enorme, de esas que no necesitaban explicación, estaba orgulloso de sí mismo. Orgulloso de haberle torcido la mano al destino, le había ganado a la vida.

No sabíamos que aquella alegría quedaría entre sus últimos recuerdos. Tortuga comenzaba finalmente a  reconciliarse con su propia historia.

Dos años después, queremos recordar al Tortuga no solamente hablando de aquello contra lo que luchó y de las múltiples formas de hacerlo.

Recordar su lucha no como una condena ni su vida únicamente como una sucesión de heridas y batallas.

Luciano no fue solamente un sobreviviente.

Fue un combatiente.

Queremos recordarlo hablando de aquello por lo que vale la pena vivir.

Porque si algo nos enseño su existencia es que la resistencia no está únicamente en soportar, también esta en atacar y  construir. En recuperar aquello que parecía perdido. En ser capaces de reír después de haber conocido el dolor.

Y en vivir cuando todo alrededor parece diseñado para que apenas sobrevivamos.

Dos años después, seguimos extrañando al tortu.

Pero no queremos que su memoria nos enseñe solamente a mirar hacia atrás, Queremos que nos obligue a mirar nuestra propia vida y preguntarnos qué estamos haciendo con ella.

El Tortu pasó demasiado tiempo siendo recordado por el artefacto que falló. Nosotrxs queremos recordarlo por aquello que hizo después, por el ímpetu de seguir apesar de que todo estaba cuesta arriba, por haber llegado a comprender que aquella vida que tenía delante no era simplemente algo que debía soportar, era una vida que podía elegir y el siempre eligió la anarquía, la solidaridad entre compañerxs, eligió hacer memoria de nuestrxs muertxs  y acompañar de diversas maneras a quienes resisten la prisión.

Y hacerle frente como un guerrero a este sistema miserable.

Porque ni la carcel, ni la agonía,  ni la muerte nos detendrá.

Con Mauri, Angry, Belen, Lupi, Sante en la memoria.

LUCIANO PITRONELLO PRESENTE

Biblioteca Autónoma Sante Geronimo Caserio
Agosto Negro 2026