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(2010) Grecia. Escrito de las Conspiración de Células del Fuego a raíz del incendio al Banco Marfin.
El grupo anarco-nihilista Conspiración de Células del Fuego operó en Grecia entre los años 2008 y 2017 (aprox) con una serie de atentados incendiarios, explosivos, enfrentamientos con la policía e intentos de fuga. A raíz de las recientes detenciones (Julio 2026) por el incendio al banco Marfin y la trágica muerte de 3 empleados bancarios, vale la pena recordar esta precisa y vigente reflexión
Grecia. Comunicado al respecto de los acontecimientos recientes de 5 de mayo.
“…y la muerte no tendrá ya poder ninguno…”.
Los hechos del 5 de mayo, con el incendio provocado a una filial de Banco Marfin resultaron con tres empleados del banco muertos y miles de verdades “carbonizadas”.
El sofocante clima de la abrumadora hipocresía propagandística como también el desgastado humanismo moralista de “los que saben todo” dentro del movimiento radical, nos obligan a tomar una posición pública sobre esos hechos. Esto no significa que hablamos desde una posición de “especialistas” de la violencia, ni tampoco que estamos nombrados “de oficio” como los defensores públicos de la gente la cual atacó éste edificio bancario.
No obstante, creemos que es necesario decir ciertas cosas y ponerlas en su sitio. Para hacerlo no es indispensable ni la experiencia de haber estado allí ni tampoco el saber que pasó exactamente éste día. Según nuestra opinión, lo que se precisa es una postura seria y responsable, acompañada por la correspondiente memoria histórica de las prácticas revolucionarias similares (como el acto de prender fuego a un banco), para afrontar y para la (auto) critica de una cuestión concreta (la muerte de tres empleados, los cuales no fueron el blanco de la violencia revolucionaria).
El nihilismo revolucionario que expresamos presupone una integridad del pensamiento y la práctica, fundada lejos tanto de las muestras del cinismo al estilo “venga ya, eran empleados del banco, bien hicieron que les quemaron…” como también lejos de los lloriqueos hipócritas, los cuales buscan a quien atribuir la culpa y tienen el discurso del revolucionario infalible y humanista.
Tomaremos las cosas desde el principio…
En las metrópolis, en esa parodia de la vida que vivimos, la muerte no es nada más que una noticia, una información remota entre tantas otras, una frase en el diario, una estadística más…
Cada día la gente enferma se muere en los hospitales, se muere en los accidentes de tráfico, en los “accidentes” laborales en las obras, en los pasajes subterráneos de la droga… Y quieren que aprendamos a callarnos ante estas decenas de muertes anónimas.
Porque estas son simplemente cifras, “3 muertos en el accidente, 2 muertos de narcóticos”, unas cifras que no se “venden” en los medios de comunicación, que no aparecen envueltas en un supuesto humanismo, y por lo tanto no convencen a nadie.
Son unas muertes que, para decirlo claro, no interesan al sistema. Todos los tele-verdugos, desde los más conservadores hasta los más subversivos, que fueron escandalizando y conmoviendo como si con los “3 muertos de Marfin”, no aguantarían mas en sus puestos ni un minuto si afrontarían de tal modo a todas las muertes anónimas provocadas por el sistema al cual están sirviendo. La verdad es que sobre los sucesos del 5 de mayo se ha montado un obsceno saqueo de tumbas y un robusto negocio de sentimientos, todo esto a beneficio del sistema…
Daños colaterales y el saqueo emocional de tumbas
Enfrente de la inminente crisis social, el espectáculo de la muerte provocó su propio corto circuito. Las manifestaciones se acabaron y a su vez aparecieron los sondeos contra las huelgas y marchas, el primer ministro entrego las flores en vivo por la TV, la casa ocupada en calle Zaimi y el ateneo de los inmigrantes en Eksarhia fueron asaltadas por la Policía, empezaron a publicarse en la prensa artículos sobre “asesinos-encapuchados”, enfrente del banco fue convocada una concentración fascista y la situación llegó hasta la denuncia pública, por parte de algunos ridículos payasos anarquistas, de “tales pandillas”, de “pensamiento caótico individualista- nihilista y de “asesinos estúpidos”.
No obstante, más allá de la propaganda y sus técnicas, el hecho sigue siendo el hecho. Tres empleados bancarios, sin que fueran el blanco del ataque, murieron en el incendio de la filial en la cual trabajaban. Aquí es nuestro turno de no caer en la estadística pero tampoco en alguna manipulación emocional. Seguramente no vamos a hablar el idioma del “mal momento” o de los “daños colaterales”. Este es el idioma del enemigo, el cual recuerda al discurso del ejército estadounidense y sus generales durante la guerra de Afganistán. Pero tampoco vamos a hacer el papel de honrar la muerte de estas 3 personas, la cual es dolorosa para sus familiares, pero si hubiera sido otra situación, simplemente sería una noticia estéril para el sistema, en el caso de que no hubiera ocurrido en este lugar y en un momento concreto y como resultado de una práctica revolucionaria.
En pocas palabras, no vamos a reclamar ningún espacio emocional dentro del espectáculo, fingiendo estar conmovidos por él, promovido por la TV, con un delirio humanista, un delírio en el cual se dejaron atrapar también muchos del movimiento radical. No, no vamos a poner como “los duros preocupados solamente por la Causa”, pero estamos convencidos que en el caso de que estas tres muertes hubiéran sido resultado de un accidente de tráfico, unos pocos se darían cuenta de ésto y sería solo una noticia. Por lo tanto, no fue el triste hecho de la muerte por sí mismo lo que funcionó como catalizador en la creación de un clima entumecido e inerte, sino la causa de ésta muerte. De éste modo, evitando el saqueo de tumbas emocionales, tenemos que concentrarnos en tratar el problema desde su raíz.
De hecho, si alguien busca a los crueles asesinos tendría que mirar en los rangos de Vgenopoulos y los de su especie. Su administración y sus órdenes, como también el hecho que sus empleados las aceptaron, fue lo que llevó a estos empleados a trabajar a puertas cerradas en un banco sin medidas de seguridad para incendios. Tales canallas como Vgenopoulos son los autores éticos de las decenas de muertes físicas o psíquicas de los empleados, en los asesinatos llamados “accidentes laborales”, de las humillaciones diarias y de los convenios sobre la disciplina laboral que imponen. Teniendo esto como algo por supuesto, ahora debemos mirar cara a cara a nuestras propias imperfecciones, vacíos, errores y faltas de cuidado para de ésta forma romper la puerta de salida de emergencia de un pensamiento unilateral y parcial, un pensamiento que quiere echar la culpa soló a los jefes, un pensamiento capaz de sosegarnos pero no de evolucionarnos… Pues, ¿a quién culpar por la muerte de los tres empleados del banco?
La práctica revolucionaria de “hit and run”(golpea y corre)
Ahora vamos a hablar sobre las decisiones, estrategias y hábitos. En primer lugar: en Grecia desde hace ya décadas es conocida la práctica de “golpea y corre” utilizada durante las grandes demostraciones. Se trata de una formación de pequeños y combativos grupos constituidos por antiautoritarios, los cuales emergen desde el cuerpo central de los manifestantes y hacen incursiones atacando a los objetivos elegidos por adelantado (bancos, furgonetas de periodistas, unidades de antidisturbios, etc.), para luego sumergirse de nuevo en el bulto de la marcha y después volver a golpear y volver a desaparecer. En lo que se refiere a la dimensión política de esta práctica, tenemos que subrayar que “golpea y corre” no pertenece exclusivamente a una u otra corriente particular de los anarquistas. Los anarquistas “sociales” (especialmente en el pasado, cuando constituían el componente más fuerte) utilizaban “golpea y corre” con la lógica de desviar a la manifestación, y así difundir y extender el conflicto. Consideran que de éste modo funcionan como el detonador de la explosión social y contribuyen a la agudización de la lucha social.
La corriente intermedia, el insurrecionalismo ha heredado la práctica de “golpea y corre”, la ha desarrollado un poco a nivel organizativo, y se refiere principalmente a la experiencia del momento de conflicto y a la experiencia de las relaciones (solidaridad, autoorganización, superar los papeles de cada uno…) que se viven y evolucionan fuera de los predeterminados estereotipos de la jerarquía. El resultante común de ambas corrientes es el hecho de percibir a las demostraciones gremiales como momentos de la lucha social, la cual tanto “sociales” como insurrecionalistas promueven a través de su presencia y sus actos en ellos.
La nueva corriente anarcoindividualista-nihilista, “el tercer polo” como lo hemos llamado, da forma a una percepción nueva de la lucha social y de las demostraciones. En las decenas de miles de masas que acuden a las concentraciones obreras no reconocemos necesariamente a las personas que comparten el mismo código de valores con nosotros ni tampoco hablan el idioma de la liberación. Las movilizaciones sociales son una mezcolanza de las contradicciones y posturas que contienen todos los terrenos del pensamiento humano, desde el conservadurismo pequeño-burgués hasta el patriotismo izquierdista, desde el alternativismo y reformismo hasta las ideas anarquistas.
Las demostraciones funcionan como una suma de miles de personas separadas una de la otras, con trayectorias diferentes y puede ser que hasta enemigas entre sí, que se juntan por una razón común o por una demanda gremial (como la de seguros por ejemplo). La aplastante mayoría de los integrantes de tales demostraciones quiere volver a la rutina de la vieja cotidianeidad (como sucedió en tiempos anteriores a que fueran votadas las reformas legislativas que “tocaron” sus derechos) o, en su versión más de Izquierda, pide las mejoras de la rutina a través de las, más progresistas y humanistas soluciones dentro de los marcos del capitalismo o del comunismo estatista. No es por casualidad que los eslóganes centrales de las manifestaciones reclaman la aplicación de unas leyes justas en contra de las reformas anti-constitucionales del gobierno.
A menudo, hasta la desviaciones violentas de todas las demostraciones resultan ser un compilado de contradicciones. En el agresivo encierro del Parlamento durante la marcha del 5 de mayo unos manifestantes cantaban el himno nacional, otros tiraban piedras, otros llamaron a los antidisturbios para unirse con ellos, los de KKE( Partido Comunista de Grecia) localizaban a los provocadores, otros gritaban a los que rompían bancos, mientras que unos aún aplaudían cuando los anarquistas montaban barricadas. Un panteón de todas las posturas que se repite los últimos 30 años.
La vanguardia revolucionaria y el militarismo revolucionario
Nosotros y nuestra visión no es ninguna iluminada vanguardia revolucionaria ni tampoco una camarilla élitista. Cada uno de nosotros ha saboreado las contradicciones, se ha revolcado en ellas, tomó parte en ellas hasta el punto de la necesidad de una evolución, tanto personal como espiritual, con ciertas experiencias diferentes, algunos debates y observaciones colectivas, algunas páginas interesantes en libros y manuales, la reflexión individual y el deseo de afilar la acción revolucionaria, exigieron de repensar la participación en las movilizaciones masivas. Por la esfera del pensamiento y de acción que expresamos, ya no nos llena simplemente el hecho de que haya un disturbio.
Creemos en las organizadas estructuras del conflicto y en las claras razones revolucionarias con la memoria, el presente y la perspectiva. Un anarquista encapuchado que “lo rompe todo” porque rechaza los residuos que le ofrecen como “la vida”, rechaza la civilización del espectáculo, los modelos que se ocupan sólo de su propio pellejo, los valores del dinero y de una consciencia lánguida, él no tiene nada que ver con un asalariado rabioso que levantará su cabeza un poco sólo cuando siente entumecimiento en su bolsillo. Es el mismo que antes, cuando se consideraba a sí mismo que “iba tirando”, vivía su rutina y se indignaba sobre los “alborotadores”.
Hay un enorme abismo de valores, sobre la cual ninguna violencia ni ningún momento del disturbio es capaz de juntarse por un puente, si no existe la necesaria concientización y el auto-aprendizaje. Pensamos que justo a esta tendencia de la concientización revolucionaria aportan y contribuyen las reivindicaciones de los ataques, los textos, los libros, los folletos, los eslóganes en los muros, los carteles. Este es nuestro ataque teórico-propagandístico contra el sistema que tiene que morir. ¿Y las manifestaciones? También las manifestaciones aportan algo, con tal que las miremos desde un nuevo punto de vista. Nadie nace revolucionario o guerrillero, es un gradual proceso evolutivo, es lo de definir tu propia vida sin compromisos.
Las demostraciones como las del 5 de mayo son la necesaria fase previa, una antesala adecuada para los que quieren tener su primer contacto con la violencia revolucionaria. En tales demostraciones el desarrollo de “golpea y corre” en unas condiciones desfavorables con centenares de policías por la ciudad resulta de ser una experiencia decisiva para los que quieren afilar sus herramientas teóricas y prácticas en las condiciones de una batalla urbana. Estos son los requisitos apropiados para qué evolucionen otras formas de accionar de la nueva guerrilla urbana. Nuestro objetivo es organizar el militarismo revolucionario. Una visión anti-jerárquica sin rangos y seguidores, que propulsa la creación de unos pequeños y flexibles grupos combativos anti-autoritarios, las cuales cartografiarán la ciudad, los objetivos de ataques y las huidas, se organizarán y se armarán adecuadamente, desarrollarán las relaciones con los respectivos grupos de afinidad, serán abiertas (con un cuidado necesario) a los compañeros jóvenes, plantearán los planes de ataque y utilizarán (sin afrontarlas con hostilidad) a las manifestaciones gremiales como caballo de Troya de las campañas revolucionarias. Por lo tanto no se trata de la cuestión de participar o no en las demostraciones, sino de una evolución.
Lo que creemos es que solamente a través de la dimensión organizada de la violencia revolucionaria se puede promover la coherencia, la continuidad y la seriedad, las cuales no permitirán en el futuro tales “fallos” con resultados trágicos como lo de Marfin. Sólo de este modo la nueva guerrilla urbana se difundirá como visión y como práctica, provocando el caos en la cotidianeidad esterilizada del aburrimiento organizado.
Los colaboradores y las consecuencias
Estamos escribiendo todo esto como una contribución a un dialéctico campo del pensamiento y de la acción entre varias corrientes políticas, y no para justificar o encubrir algo. Se sabe que el ataque contra el banco Marfin no tuvo ningún particular sello ideológico en lo que se refiere a las ideas y contenidos políticos de la gente que actuaron allí. A la base del objetivo de ataque (una filial bancaria), cada una de las corrientes antiautoritarios (y no sólo tales) podrían haberla incendiado. No obstante, es muy conveniente para los “tiburones asambleístas” atribuir acciones según su resultado a nuestra corriente política.
Las declaraciones de lealtad a la ley y los comunicados humanistas propios de misioneros que circularon por allí sacadas por ciertos colectivos anarquistas, los comunicados en los cuales también se expresaba la certeza condenadora sobre la procedencia de “los culpables”, demostraron el completo vació político de los argumentos sobre “el elemento nihilista” que “ se está parasitando a las espaldas del ámbito anarquista”. Su ridiculez no nos molesta, pero cuando algunos llegan hasta ese punto peligroso de señalar en las asambleas abiertas y cafeterías a gente concreta, así alimentando los oídos diligentes de la Policía, pues entonces ciertas personas serán enfrentadas del modo que les corresponde, como COLABORADORES, con todas las consecuencias incluidas.
La acción con el objetivo concreto y los ensimismados fallos
Volviendo a lo “cómo y porqué” del caso de Marfin, independiente de la corriente anarquista que uno siente que expresa como individuo o siendo parte de algún colectivo, tenemos que reconocer que las tres corrientes mencionadas (sociales, insureccionalistas, anarco-individualistas/ nihilistas) tienen una característica común. La clara y precisa definición de la acción con el objetivo concreto (edificios estatales, fuerzas represivas, símbolos de lujo, etc.). Los tres empleados bancarios que trabajaban el día de la huelga seguramente no se pueden considerar enemigos, pero tampoco aliados. Por lo tanto en ningún caso deberían ser los blancos del ataque.
Nuestro objetivo de escribir estas cosas no es ni embellecer los hechos ni tampoco seguir la lógica del distanciamiento. Por esto no olvidamos los ataques ensimismados contra cualquier cosa (las paradas del autobús, cabinas de teléfono, kioscos, coches cualquiera…) que ocurren en los márgenes de los ataques bien apuntados, pero estamos en la posición de saber que tales actos son una pequeña dosis de irresponsabilidad que nunca ha influenciado mucho las cosas. Al contrario, el edificio de Marfin en calle Korai siendo un palacio de banco resultaba ser un blanco bello.
No podemos saber que exactamente ocurrió allí y que se pretendía, pero sí que conocemos las debilidades crónicas, las cuales creemos que contribuyeron a lo sucedido. Nos referimos al fetichismo de la violencia no-organizada y a la falta de dar sentido a los medios de ataque.
Las armas vacías matan…
Lo que ocurrió en Marfin, la verdad fría dice, que fue sólo fue una cuestión de suerte que ésto no sucediera antes. Cada revolucionario debe desarrollar su relación personal de cómo entiende y percibe a los medios que utiliza. Todos los medios, desde una piedra hasta una semiautomática, pueden con la misma facilidad volverse contra nosotros, como un bumerang. Por esto decimos que las armas “vacías” matan con más facilidad que esas “cargadas”. Las armas “vacías” son también los medios, las cuales su poseedor no tiene conciencia ni de su uso ni de su efectividad.
De este modo, con los hechos de Marfin algunos “descubrieron la América”. Sin embargo, el problema desde años era parecido. Cuantas veces en el pasado, tanto en las demostraciones como en “los hechos nocturnos”, los compañeros se quemaron un poco o se hirieron uno al otro por sus propias molotov, sea porque las molotov estaban mal hechas o sea porque algunos se apresuraban en tirarlas… Cuantas veces se rompieron las cabezas de los compañeros por las piedras tiradas por otros “impacientes” desde detrás, tiradas sin ver siquiera el objetivo… Además, si no tenéis corta la memoria, ¿cuántas veces los anarquistas se reñían entre ellos durante las marchas a causa de las diferencias de mentalidades u opiniones… ?
Los ejemplos son innumerables. Todos ellos indican la misma debilidad. La cisma entre la teoría y la práctica, entre la consciencia y la acción. La violencia revolucionaria aparece en forma de fetichismo, a menudo reproduciendo modelos dominantes, actitudes machistas, chulerías, muestras de arrogancia, papeles y “especializaciones”. Esta relación contradictoria de posturas dentro del ámbito radical, funciona como axioma de rangos en la alistación de las hegemonías informales.
A lado de estas actitudes se encuentran los compañeros jóvenes que a su vez perciben a esa división de relaciones y, también debido a su responsabilidad individual, la están reproduciendo como un error de imprenta. La violencia, su medios, su uso, su fabricación, las cautelas, las experimentaciones y las técnicas hasta ahora nunca fueron puestos sobre la mesa de los aprendizajes colectivos para de éste modo desfetichizarlas e introducir el saber, convirtiéndolas en algo familiar. Este fue el privilegio de esos más “iniciados”, los cuales de tal manera “protegían” a sus rangos. La violencia se convirtió ya en algo visto como un juego de adrenalina, un antagonismo informal sobre “quien dará más”.
Nosotros al contrario sostenemos que es la conciencia la que nos empuja a desarrollar nuestras capacidades y saberes combativos, para golpear al enemigo.
“Durante el aprendizaje toda la preparación militar fue sometida a la política: “Cuando estuvimos manejando materiales químicos delicados, nos sugerían pensar siempre sobre la política, y de éste modo ser capaces de hacer de todo y hacerlo bien.” (Abimael Guzmán, miembro de la organización Maoísta en Perú “Sendero Luminoso”)
A lado del fetichismo florece el saber a medias. Algunos compañeros, ignorando la efectividad de los medios de la violencia y su peligrosidad, proceden a su uso imprudente, como por ejemplo los ridículos enfrentamientos (que además duran horas) desde los asilos universitarios (“kagelaki”1), pero también los desorganizados ataques contra los antidisturbios en Eksarhia, cuando las decenas de molotov lo único que logran por regla general es “ennegrecer” al asfalto…Si en al mismo tiempo la misma gente lo debatiera y lo organizara podrían darles unas buenas hostias y quemar los furgones policiales.
Una parte de esta tradición del culto, y al mismo tiempo, de ignorancia de valoración de los medios es la crítica ejercida por los ya inactivos “expertos” de la violencia. Un tejido de actitudes de desdeño que hacen su crítica desde una segura posición de no-participación en las acciones revolucionarias, pero se cubren con la coartada de sus experiencias que huelen a pólvora sobre los tiempos de “entonces, cuando las cosas no se hacían así sino mucho mejor.” Las lógicas de aquellos retirados que exponen sus experiencias armadas y violentas del pasado, cada vez definiendo el uso correcto de la violencia y el contenido de la guerrilla, y se jadean de despreciar a cualquier pensamiento y práctica innovadora. Los síndromes de un pensamiento cobarde y pusilánime que admira y idealiza a todo lo que está allí lejos en una segura esfera histórica, y a la vez demuestra una arrogancia cutre ante todo lo que se intenta hacer aquí y ahora.
En toda esta confusión de consciencias, la gente que prendió fuego al Marfin o no vieron a las personas dentro (una falta de cuidado que no ocurre por primera vez: por ejemplo durante el nocturno ataque organizado contra el Banco Nacional en una galería comercial de la calle Panepistimiou hace unos cuatro años unas 2-3 personas quedaron atrapadas en la terraza) o, aún peor, les vieron pero no creían en la posibilidad de qué se morirían por culpa de unas pocas molotov. Sin que conozcamos a esas personas, estamos convencidos de que si alguien les diese una pistola no dispararían contra los empleados del banco. Por lo tanto no querían matarles, a pesar de que quizás escucharon algunos comentarios chungos y cínicos al estilo “ que se mueran, son unos empleados del banco”.
Si hay algo que llevó a los hechos del 5 de mayo es el absceso de una tradición dominante jerárquica, que desde ya décadas está latente dentro del ámbito radical, y ahora como primera cosa debe darse una respuestas a sí mismo, hacer una auto-crítica. La gran parte de lo que escribimos aquí corresponde a nuestra propia visión de experiencias vividas y a nuestras propias faltas, y no se trata de unas sabidurías de alguien “de fuera”.
Así con este motivo se presenta un impulso adecuado para abastecer más a nuestro pensamiento y acción y pensamos editar en un futuro un manifiesto con nuestras posiciones y nuestros valores acerca de la corriente nihilista, anarco-individualista y del terrorismo revolucionario.
Al mismo tiempo, el recién sacado texto firmado por “un grupo de compañeros que tomó parte en los actos destructivos en el centro de Atenas durante la demostración del 5 de mayo”, demuestra que cada experiencia que quiere ser revolucionaria, como su objetivo prioritario tiene que crear momentos y espacios de debate y de evaluación. En este texto los compañeros, independiente de acuerdos o desacuerdos que podemos tener con ellos, trabajaron justo sobre el proceso de poner de nuevo en marcha una esencial dialéctica revolucionaria.
Porque la apuesta por la revolución no juega ni en los términos de la superioridad militar, ni tampoco con aquellos aforismos fanáticamente religiosos vacíos de contenido político. La nueva guerrilla urbana es un proceso que “golpea” sobretodo contra el centro de las relaciones humanas. Allí es donde todo empieza…
Conspiración de Células del Fuego
Grupo Guerrillero de Terroristas
Fracción de Nihilistas
1 El fenómeno de tirar piedras y molotov desde los recintos universitarios se llama “kagelaki” así “rejitas”, refiriéndose a la verja que limita la “frontera” del asilo universitario. Aca lo conocemos como “salidas”.