extraído desde Actforfree
(Grecia) Si tenemos miedo hoy, tendremos miedo mañana y siempre. Texto de la compañera Dimitra Zarafeta
Pasaron 512 días para que las autoridades finalmente decidieran que era hora de juzgar nuestro caso, el caso de Ampelokipi. Justo un suspiro antes de que terminara el plazo de 18 meses. No porque el proceso de investigación fuera verdaderamente interminable, ni porque constantemente surgieran nuevas pruebas mientras tanto. Desde el primer momento, los hechos eran más o menos los mismos.
Sin embargo, la decisión de fijar el juicio en el último minuto no fue ni accidental ni procesal. Fue una elección puramente política, un método consciente para que el proceso se desarrollara por la vía rápida y se produjera la decisión deseada, con la misma celeridad. No obstante, en este mi último texto antes del juicio, no me detendré en detalle sobre las prácticas y métodos que las autoridades judiciales emplean contra nosotros. Ya son conocidos por cualquiera que quiera verlos.
Mi objetivo es devolver las cosas a su verdadera dimensión, frente a la versión fabricada que la policía antiterrorista y luego el investigador y los fiscales intentaron imponer. Por eso quiero y debo hablar de lo que ya ha sucedido y de lo que está por venir.
Dentro de dos días estaré en ese tribunal, porque hace un año y medio presté las llaves de un apartamento a mis amigos y compañeros, Kyriakos y Marianna, para que pudieran alojar a conocidos.
Me presentaré ante este tribunal acusada de terrorismo, con cargos de pertenencia y participación en una organización desconocida, con una estructura desconocida, roles desconocidos, duración desconocida, así como por fabricar, suministrar y poseer explosivos y armas. Una acusación que se redactó de la noche a la mañana, basada en pruebas endebles, que hace 2 meses el tribunal comenzó a desmoronar con la retirada de los cargos por esta explosión y daños.
O, para ser más precisos, los únicos «elementos» en los que se basó la policía antiterrorista para construir esta acusación fueron la criminalización de los actos cotidianos, la criminalización de la opinión política y la criminalización de las relaciones de amistad y compañerismo.
Nada más, nada menos.
Así, nuestro caso no solo tiene un pasado que ya cuenta un año y medio, sino también un futuro. Un futuro inextricablemente ligado a la lucha.
Por eso, dentro de dos días, estaré en este tribunal para librar mi propia batalla, defendiendo mi identidad anarquista, la lucha revolucionaria radical, mis relaciones con mis amigos y compañeros, y sobre todo la memoria de mi compañero, Kyriakos Xymitiris.
Me plantaré en esta sala de tribunal para luchar hasta el final por mi libertad — una libertad que no les entregaré, ni siquiera por un día más de los 512 que ya me han privado de ella. Y si al departamento antiterrorista se le da cobertura institucional para fabricar acusaciones de esta manera, entonces la responsabilidad de mi condena por una acusación que niego recae en la composición actual del tribunal.
Esto también concierne a todos aquellos que sienten que tras las rejas no solo están los presos, sino también una parte de ellos mismos. Aquellos que permanecen presentes en cada campo de la lucha radical. Porque también está en sus manos erigir un baluarte, no permitir que la injusticia se convierta en ley.
Sin embargo, dentro de dos días me encontraré en este tribunal, que tiene un peso mucho mayor que el de los cargos y las calificaciones legales. Porque dentro de este proceso también hay una pérdida.
Está la memoria de nuestro amigo y compañero, Kyriakos Xymitiris, una memoria que no cabe en ningún expediente. Precisamente por ello, este tribunal tiene una importancia que va más allá de los límites de un juicio formal. Por eso hay más en juego alrededor de este juicio de lo que parece. Porque dentro de estas salas no solo me defenderé a mí misma, sino también al propio Kyriakos. Hablaré de mi amigo y compañero en mis propios términos, no con el lenguaje del poder, ni a través de los filtros del expediente, sino a través de la vida que vivió, las luchas que dio y aquello que eligió defender con todo su corazón, dedicándole su vida. Su ausencia es, simultáneamente, una presencia profunda e intensa; porque hay personas como Kyriakos que, incluso cuando se han ido, continúan iluminando el camino y muestran con su propia vida por qué vale la pena levantarse.
Así que mi amigo y compañero Kyriakos Xymitiris estará allí en el nudo de mi garganta, en la fuerza que encuentro para no rendirme, en la necesidad de mantener vivo todo lo que compartimos y todo lo que él defendió. Estará conmigo, a mi lado, como una mano en mi hombro, como un aliento que me recuerda que nada ha terminado y que la lucha continúa.
KYRIAKOS SIEMPRE PRESENTE
HONOR ETERNO A LOS COMPAÑEROS ANARQUISTAS SARA ARDIZZONE Y ALESSANDRO MERCOGLIANO
Dimitra Zarafeta
Prisión de mujeres de Korydallos